domingo, 25 de noviembre de 2007

NESTOR GROPPA



Leyendo a Groppa, Raúl Aráoz Anzoátegui define su poesía

de EL TRIBUNO de Salta


Raúl Aráoz Anzoátegui no es inglés, pero toma el té a las cinco en punto. Al menos en ocasión de este reportaje, que tuvo como marco el comedor de su casa grande, al Sur de la ciudad, con mesa larga y oscura, vajilla antigua, cuadros de amigos (Román, Juane, Neyman, Dávalos, Martorell, Ruiz) y unas ricas facturas preparadas por Hermelinda, la señora que mantiene, en la casa grande, cada cosa en su lugar.

El motivo del encuentro: hablar de Néstor Groppa, el poeta nacido en Laborde (Córdoba) que eligió Jujuy como destino e inspiración. Por eso, Aráoz Anzoátegui se sienta a la mesa con la última obra del amigo: "Volverá el mar y se irá... como entonces: libro de ondas, 2° parte", una antología que reúne poemas escritos entre 2002 y 2007, editado por Buenamontaña. Toma el té y habla:

En el siglo XX, entre los poetas de habla castellana más valiosos están Neruda, el cubano Nicolás Guillén, Huidobro... Pero el que impone un nuevo idioma, para mí, es Vallejo. Yo creo que en el libro de Groppa hay algo de eso. Cada palabra tiene su lugar en el texto, no son caprichosas. Hay palabras difíciles de incorporar en un texto poético, pero a él no le cuesta: las pone donde corresponde. En sus poemas, las palabras no desentonan. Groppa busca un idioma popular, pero no desgastado ni lleno de expresiones que aplasten al poema. Por ejemplo, dice:

En los amaneceres me visita el lucero
del más allá del vidrio, de los cielos copiosos
pasando esa ventana, donde tardan los vuelos
y acontecen los múltiples colores del tiempo.

Mar del universo por donde fugan estrellas
con otras maravillas semejantes a ellas.
Detrás de mi ventana el infinito es aquella
mosca que viene andando por el vidrio del cielo

con armonía de dioses que jamás olvidaron
partituras de siglos para siempre vencidas
-aquellas del lucero con luz amanecida
antiguo como la tierra de lejos vacía-.

Por el vidrio adivino dioses que no respiran
que se miran callados y callados nos miran.
La luz es medianera sin graffiti divinos,
sin estrellas ni dioses. Sólo un día celeste.

Lo seguimos mirando y notamos a la vida
camino de más siglos levantando ponientes
envueltos con historias y puras geografías
pobladas,

despobladas por un tiempo sin días.

("Por la ventana por donde entran la luz y el cielo")

Acá vemos cómo la palabra 'graffiti' no se sale del texto. El poeta sabe que las palabras tienen su justo lugar. Había un muchacho, allá por el Siglo de Oro, que se llamaba Luis de Góngora. Un día hizo un poema muy cálido, sobre el nacimiento del Señor, donde decía: "Caído se le ha un Clavel/ Hoy a la Aurora del seno:/ ¡Qué glorioso que está el heno,/ Porque ha caído sobre él!.
La palabra 'glorioso' es horrible, yo no la sabría usar. Pero cuando él logra darle textura, tañido. Podría haber dicho 'jubiloso', 'gozoso', pero elige la palabra justa.

En Groppa veo eso. Ya no es el autor de 'Indio de carga', de los poemas donde hablaba de Tilcara, de la tierra. Ahora su color local es más íntimo, por eso es muy verdadero este libro.

Groppa es un poeta muy comunicativo, como era Vallejo, por ejemplo. Sabe trastocar los términos y poner palabras que son solamente de él. Creo que en este libro ha alcanzado gran sabiduría en la composición del texto.
Otro ejemplo, cuando él se va de Laborde, le escribe a sus padres. Logra un tono cotidiano, pero no es lo cotidiano que se busca por lograr un simple efecto, sino que todo sucede en el poema sin que él prevenga al lector de que está hablando de sus propias cosas.

Madre,
le escribiré,
aunque no lea.
Padre,
también a usted
por más que me aconseje
no insistir (...)

Yo desde aquí
soy un apenas
que sigue recordando,
sintiendo perturbadas
distancias
y por eso agrego
nada más que para conversarme
menudas noticias de vuestra paz.

Groppa está encontrando un camino verdadero, muy propio. Porque en la poesía se reciben muchas influencias. Nuestra generación, la del 40, ha tenido la influencia de Saint John Per, Huidobro, Neruda, Vallejo, Antonio Machado... En la obra de Groppa está todo digerido. Eso es lo que me entusiasma. Yo quisiera encontrar otro lenguaje, que sea sólo mío.

¿Usted cree que no lo tiene?

No sé. Yo creo que tengo muchas influencias. Y Groppa también, pero de pronto lo noto con un lenguaje propio. Otra cosa importante es que, al experimentar ese cambio en la poesía, no se queda en la imagen vacía; desarrolla un pensamiento. La poesía actual y la que se da en la música popular, no dicen nada. Acá hay belleza y pensamiento.

No alcanza entonces con un buen manejo de la metáfora...
No. Hay muchos poemas que son cucardas, nada más. El otro día hablaba con un amigo sobre el autorretrato de Antonio Machado, donde dice: ´mas recibí las flechas que me asignó Cupido'. ¿Cómo puede ser que use esta imagen?, me decía. Es porque en la poesía se dan los contrastes. El poeta tiene simas y cimas. La poesía no es llana, al lector hay que prepararlo para los descensos. En la creación debe estar la sorpresa que siente el autor del poema. Si no se transmite al lector esa sensación, ese escritor no es poeta.

¿Eso se logra necesariamente después de años de oficio?
Groppa trabaja como loco. Yo lo conozco desde hace muchos años, de cuando hacían la revista Tarja. Estaban Calvetti, Fidalgo, Busignani y Tizón. Y yo también colaboraba. Soy mayor que Groppa y fui el menor de los de La Carpa, que surgió unos años antes.
Tengo 84 años, pero digo que ya voy para los 85, porque generalmente, en Salta, la gente se muere en agosto, por los vientos y demás. Entonces, pasando agosto, uno tiene otro año asegurado. Y como yo cumplo en marzo...

¿Está escribiendo ahora?

No, porque no quiero escribir al vicio. Ya he hecho lo que me ha dado el cuero. Si escribiera un libro como el de Groppa, lo seguiría haciendo. Uno de mis últimos poemas dice: "Tanta vida de mí tengo ya/, que soy sólo una parte de mí mismo./ Así me va quedando su herencia./ Señales de humo/ para construir mi propia mitología,/ sin echar mano a los dioses/ y a viejas leyendas. Como acaso se dijo alguna vez,/ mis cosas deben de estar muertas en un país de antaño./ Pero yo estoy aquí,/ sobrevivo crisis y fracasos./ Llevo pantalones hechos a la medida de ahora/ en los que me sostengo/ no sé por cuántos años/. Es hora entonces/ de empezar a ordenar nuestros papeles.
Yo he tratado, en cada uno de mis libros, de renovar el lenguaje, de no repetirme. Hay poetas que caminan por la misma vía, pero no avanzan, sino que ensanchan el camino.

¿Será que a veces esa inmovilidad se confunde con el supuesto hallazgo de "un estilo" personal?

Sí, se finge una virginidad que uno ya no tiene. Como decía César Pavese: "Uno puede convertirse en epígono de sí mismo; sucumbir a la tentación de detenerse más de lo lícito para aprovechar el territorio ya conocido y conquistado".
Por otra parte, Rainer María Rilke decía que una obra de arte es buena cuando ha sido creada necesariamente.

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