miércoles, 22 de agosto de 2007

ANA PORRÚA, EL CHENQUE


Una rueda de piedras, un anillo que rodea el silencio



La voz poética se articula con vívido asombro ante un lugar, tierra del sur que se empecina en descubrir sus arcanos: chenque, terreno acorralado, silencio que sometido por el viento se trepa a todos los matices de la sombra durante atardeceres de oro.
De a poco, esa invasión alucinada de viento único, se escucha pero sólo en medio de él, dentro de él y mejor aún, si se es viento. Ya que nadie puede prestar oídos a su voz giratoria si está afuera y si lo hace, tendrá que cubrirse la cabeza con pañuelo de seda para no herir los sentidos, porque el viento es lo único que habla, y su flecha cae ahora desde el chenque hacia el mar, trazando una línea de tonos.
Chenque, gruta funeraria, enterratorio; o chenque curá, piedras del cementerio; o chenque malal, corral del chenque.
“Pero fuera del corral y la manada, será otra la modulación de la voz. nunca hace fondo, sólo va sumando cualidades de aquello que toca o lo toca” dice el poema.
Aunque el viento en su dialéctica de lo seco y de lo húmedo también nos hace ver el agua y un mundo, otro, mucho más allá, el mundo de “los chinos, el sonido metálico de un habla, el suave golpe de los palillos contra el cuenco a la hora del almuerzo, los grillos rozando las patas en jaulas livianas de madera balsa”.
Mientras que de este lado el viento, eriza el lomo del agua y ulula y canta dentro del chenque, para que su voz se expanda como en una caja de resonancia.
Pero el canto rodado no teme al viento, las piedras del corral en perfecta geometría y variedad de matices desde el marrón al verde intensificado por el agua, rodea imperturbable y de noche,“arrima lo muerto, lo liviano, lo que pesa. enormes caracoles. algas de pátinas brillantes o carne violácea. compone su azar” dice la poeta. Y sin embargo, nada es instante definido.
Porque el instante es duración pero a la vez tiempo que pasa.
Y en el cosmos del aire danzante no es el ojo el que da las imágenes, sino el oído asombrado ante un lugar donde no hay garzas, no hay flamencos ni dragones, sólo martinetas, viento y tehuelches con sus capas pesadas de guanaco.
“Los dragones no pueden existir en esta villa, acá el fuego se apaga” pero sí existen alacranes, ñandúes y sus enormes huevos. Acá se cava un agujero con forma de hexágono para guardar a alguien muerto y sus preciosos tesoros, de manera que pozo funerario, cuenco, intimidad material y viento también enterrado.
¿Pero qué cielo se refleja en ese lago interior de la rueda? Sin pleonasmo no hay belleza. La imaginación encuentra en lo irreal un verdor activo.
Y a pesar de todo, paraíso seco. Desolación. En este lugar que el ojo no pida lo que no hay pero que el oído diga lo que sabe. Ya que también es necesario que la curiosidad despierte la memoria, hay allí una materia que sigue siendo fiel, en un aislamiento sostenido por sus propias cualidades.
Así “El desierto sin medias tintas”. El desierto y sus chenques porque quien vio un chenque vio todos los chenques del desierto, gracias al ritmo cristalino del tiempo.

Para Ana Porrúa no hay enigmas, hay voluntad, fuerza sustancial para profundizar en la tierra y la tierra le devuelve los secretos que ella vino a buscar. Dicho de otra forma, la poeta cree estar aprehendiendo a medida que dice, la blancura de un contenido guardado y como en una experiencia alquímica, le confiere a lo que ve, imagen y sonido, color.
Veintitrés poemas componen este poemario que permite sin alternativa leerlo hasta el final y de una sola vez, y donde la música del viento se confunde con el ritmo de los poemas o bien el poema partitura nos hace evocar una música telúrica, envolvente. Las palabras como notas surgen de la tierra misma, sólo que Ana Porrúa las dispone sobre un pentagrama sin alardes estereofónicos sino como una línea sencilla de viento.
El silencio, se identifica con la ausencia de mayúsculas y de una puntuación particular: puntos seguidos de minúsculas que subrayan aún más, la sobriedad melódica.

RITA KRATSMAN

Textos de EL CHENQUE se pueden leer aquí:

ANA PORRÚA

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