domingo, 15 de julio de 2007

CARLOS LATORRE, nota de Graciela Perosio.


“Nunca contestó nadie”
Acerca de los textos inéditos de Carlos Latorre publicados en
la Antología Los móviles secretos



Escribir sobre estos inéditos de Latorre me presenta un verdadero desafío. Sabido es que los poemas que prefiero de este escritor son los que reelaboran la temática erótica y el arquetipo femenino de la diosa, sobre ellos trabajé en el pequeño ensayo que publicara la Revista Hablar de Poesía en el Nº 5. Sobre estos inéditos no sería propio afirmar si nos gustan o no. No fueron escritos para un verbo tan banal. No fueron escritos para gustarle a nadie. Y eso es lo que más me gusta de Latorre.
Al atravesar toda su obra -también la crítica, la teatral, los guiones cinematográficos- una palpita cuerpo a cuerpo con una escritura que se interroga a sí misma con coraje. Esa valentía que le hace decir en una de sus últimas páginas “recién ahora comprendo que nunca supe escribir.” Pero esto, hasta cierta desprolijidad a veces, no lo preocupa. No quiere la exactitud aséptica de la máquina, prefiere mucho más “el tibio olor de la materia en descomposición” y lo que de veras detesta, de lo que abomina, es de la escritura tibia. Lo violenta el “ni fu ni fa” acomodaticio que medra con Dios , con el diablo, con la sombra y el espejo. El verbo de Latorre sólo acepta la vida pasionalmente vivida: “Si la poesía es lenguaje/ que sea lengua madre/ y padre,/ punta de lanza, revólver de cien tiros, /cabecera de puente/ puente que cubra el vacío(...) mesa tendida, sí,/ pero mantel a los cuatro vientos, no bandera de parlamento/ sino trapo de guerra que exija justicia una vez y otra/ y siempre, /que exija paz: himno de fuego” “se puede hablar de amor, sí,/ -se debe hablar de amor- / y de Dios y de bueyes perdidos también. /Lo que no se puede hacer/ es/ no hacer nada/, no decir nada,/ no pensar nada, no comer nada, / no vivir nada.”
Insistiré en reivindicar la obra de Latorre y trataré de llamar la atención de la crítica y de los historiadores de la Literatura. Pero a su más profundo núcleo personal, sospecho, no le interesaba esto demasiado. No, al menos en la misma medida que cumplir con el creador genuino y guiado por la pulsión de decir hasta lo intolerable, sin concesiones ni cálculos mezquinos. Produjo una obra que no se detuvo en los intereses de capilla ni en la
conveniencia de ser publicado aquí o allá. Hacía lo que su víscera le dictaba hacer “nadie es más sabio que su asco” escribió con la dignidad del que sostiene su obra en las propias concepciones del arte y de la vida. Suscribiría la afirmación de Willa Cather de que “el crecimiento artístico es más que ninguna otra cosa, el refinamiento de la veracidad.”
Paradójicamente el más alto premio que ha conquistado Latorre estriba en su propio modo quemante de vivir. No regaló nada. No concedió nada. Atacó a explotadores políticos y económicos, denostó a los que se creen dueños del saber desde las derechas o desde las izquierdas, y levantó siempre la temible bandera de la genuina, rotunda y verdadera libertad. Lo acometió con una coherencia temeraria, que incluye el ser consciente de sus contradicciones “Pretendo escribir un poema y no encuentro nada mejor que rascar la guitarra infinita,/ quejarme a grito pelado poniendo el grito en el cielo/ o cocinar frases y períodos que dan risa./ Si yo fuera realmente decente me metería la lengua en el culo,(...) Pero ocurre que no lo soy, / que a pesar de lo dicho/ -ya lo ven-/ no puedo resistirme a la tentación de hacer literatura/ de darle manija a la pianola de lo imposible”
Latorre defendía una literatura “necesaria”. No nacida de los estudios de marketing de editoriales temblorosas, no una Literatura de circo y espectáculo. Exigía, en cambio, que “La necesidad haga lo suyo, que reclame lo suyo, que se haga pan, pan-vida, pero además pan-canto,/ pan-gracia,/ pan-magia,/ pan-masa,/ pan-todo/ y pandemonium si/ algo/ o alguien nos lo quiere arrebatar,”
Denuncia al Poder internacional “al abuelo Nixon,/ al gran Féretro Pentagonal./ a la CIA/ al FBI,/ al FMI,/ a la GM;/ a la US,/ a la SOSO,/ al SOS/ y a muchas otras siglas de este siglo que anda para la misma mierda.” Denuncia un progreso hecho a costa de endeudamientos impagables que pavimenta el camino pero, a la vez, impide el andar del caminante. Denuncia la entrega de nuestro potencial natural, de nuestros ríos, nuestra fauna, la extinción de nuestras especies, sea cóndor, albatros, yaguareté, o tapir acorralado por perros de razas ajenas. Denuncia la extinción de nuestros hombres “hijos de estas regiones que malviven entre montes de paja de espantapájaros asustaniños”

En momentos en que nos preguntamos qué es un país, qué es este país, qué somos todavía y que en este caos oímos decir que nosotros tenemos la culpa de lo que sucede por no haber hecho nada, por permitirlo...es justo recordar que hubo voces, muchas voces que sí hablaron y aquí están sus escritos con completa vigencia, para atestiguarlo.
Cuando recibí el libro que hoy presentamos, sentí curiosamente, la compulsión a buscar un viejo texto de Helena Rovner , una joven que en los ochenta concurría a mi taller y que a los dieciséis años, escribió un poema homenaje al poeta combatiente Leonel Rugama. El texto se cierra diciendo “Leonel Rugama (1949-1970) recorrió el deseo de atrás para adelante. Leonel Rugama terminó el deseo empezando a desear.” Hoy, cuando leo el anhelo de Latorre de que, por ejemplo, “el amor sea amor a todo trapo/ y no solamente aire de familia,” pienso que él también recorrió el deseo de atrás para adelante, su deseo de amor de humanidad, del que todavía no somos dignos. Un deseo que expresa “¡Viva la Revolución! Pero con algo más que la sopa popular; con puertas abiertas tanto al cielo como al infierno de la verdadera Libertad.” Carlos Latorre lo recorrió como tantos otros, pero, ¿saben qué ocurre?, que aquel poema de aquella jovencita, hoy, prestigiosa analista política, lleva un intuitivo y terrorífico título. Así como Latorre tituló “Oídos Sordos”, ella eligió la expresión de Rugama“Nunca contestó nadie”
Con todo el dolor de este 2002 cruel, pregunto, junto a la memoria de Latorre: alguna vez como sociedad, como pueblo organizado, alguna vez, ¿ contestaremos?


Graciela Perosio
Otoño/ 2002


de LOS MÓVILES SECREOS


A marcha forzada

Esa luminosidad central de los trenes de la que nacen a veces calles para fugitivos o telones de fondo
O todavía mujeres que jamás dejan de viajar acosadas por la ley de gravedad y los cazadores de vidas ajenas a sí mismas
viaje en pos de los cambios de idea el furor resulta una buena llave maestra un cuerpo resume todos los grados de la verdad
Y en una isla los hombres y las bestias tienden a jugar sus verdaderos papeles
O en una ciudad
O en una nación
En medio del universo de no querer consentir


La conducta previa

El fin actúa sobre sí mismo y algunos otros trabajos tales como la pureza de los grandes principios esos escarabajos menos sagrados que algunas hazañas de lo inesperado
De todos los laberintos es el deseo el que conduce a la posteridad
Y el héroe tiene su precio como los grandes cataclismos
No menos bellos resultan los muertos que presagian la perpetuación de la especie
Y la multiplicación de la cólera


Acto de fe

La verdad Revelada ha sido mal interpretada.
Sucede siempre que el alcance de la conjetura
o la decisión,
se pone en manos de serviles
o de castrados,
de más papistas que el Papa.
Lo sagrado es eso:
lo sagrado,
y nadie puede ponerle la mano encima,
su sucia mano encima.


(estos poemas fueron publicados por Ediciones en Danza)


Datos biográficos

Carlos Latorre nació y murió en Buenos Aires, en 1916 y 1980. Fue un activo partícipe de las diversas aventuras editoriales del surrealismo criollo; así formó parte de las revistas A Partir de Cero (1952), Letra y Línea (1953) y Boa (1958), también colaborò en La Rueda y Talismán, entre otras; además de asociarse a figuras como Aldo Pellegrini, Enrique Molina, Francisco Madariaga y Juan Antonio Vasco. Escribió además obras de teatro, guiones cinematográficos y piezas radiofónicas, con las que obtuvo diversos premios nacionales e internacionales.
Entre sus libros se encuentran Puerta de arena (Botella al mar, 1950), La ley de gravedad (Botella al mar, 1952), El lugar común (Letra y línea, 1954), Los alcances de la realidad (Letra y línea, 1955), La línea de flotación (A partir de cero, 1959), Las cuatro paredes (Ancora, 1964), La vida a muerte (Rayuela, 1971), Las ideas fijas (Dintel, 1972), Campos de operaciones (Rodolfo Alonso, 1973), Los puntos de contacto (Rodolfo Alonso, 1974), Los temas del azar (Rodolfo Alonso, 1975), Cabeza o triste páramo (Botella al mar, 1979). Se trató en todos los casos de libros de tiradas de entre 300 y 500 ejemplares, que fueron costeadas por el propio autor. Más de una década después de su muerte la revista Último Reino publicó una separata con una selección de poemas de Latorre, y más tarde otra revista, La Danza del Ratón (número 8, Buenos Aires, 1993) dio a conocer poemas y aforismos extraídos del libro inédito Adaptarse o vivir.