viernes, 15 de junio de 2007

JUAN JOSÉ SAER, El arte de narrar




Lucha de clases

La voz vendría a quedar, de esa manera, en suspenso. Y un trueno,
en su lugar, se dejaría oír, en la casa de la historia,
poniendo, como quien dice, un temblor,
hasta en los rincones más escondidos o más frágiles. Que la voz,
más bien interrumpida, acompañe la explosión, la haga
más que ruido,
dotándola de una dimensión de modestia, de error o soledad,
de modo tal que la finitud complete las estrellas codiciadas.
Y porque, también, pasado el estruendo, en el silencio que
por obra de alguna revisión pudiese, gélido imperar,
esa voz finita y sin fin siga sola cintilando hacia el cielo,
de modo tal que ayude en la noche eventual,
a romper o a desplegarse más bien,
firme, y hasta una nueva noche, el amanecer.