domingo, 11 de febrero de 2007

TOSCANINI: derecho a la interpretación, a 50 años de su muerte

En páginas a la vez cautelosas y severas Theodor W. Adorno en "La maestría del maestro" define a Arturo Toscanini como "el antipapa de Furtwängler", un Settembrini de la música. Settembrini es el personaje de "La montaña mágica" de Thomas Mann, que expresa la fe iluminista, el orgullo humano de la razón, la generosa ingenuidad del progreso. Esta "racionalización" ejecutiva, el perfecto y cumplido funcionar, es la característica de Toscanini que Adorno pone de relieve concluyendo con duras palabras acerca de la "hostilidad tecnocrática enfrentada al espíritu". La técnica domina a los hombres y a la música, de manera que los oyentes – argumenta Adorno- se sienten seguros y protegidos por la precisión en el "administrar" del director.
En estas páginas, el filósofo alemán revela la vieja disputa de la que participan no sólo músicos y literatos sino historiadores, teólogos y juristas, también éstos se topan cotidianamente con textos de leyes, sentencias o contratos examinándolos para tratar de descubrir su significado. Los textos, partituras o páginas de novela, artículos de código nos llegan del pasado cargados de diversas lecturas, y nosotros vamos a su encuentro con nuestra sensibilidad. ¿Nuestros pre-juicios? Nuestras pre- comprensiones. La historicidad del texto, su permanecer o parecer detenido en el tiempo, se pone en contacto con la historicidad del intérprete, que no se sale de sí, sino una vez más para encontrarse a sí mismo. Se abre una tensión dramática: fidelidad tecnológica y desarrollo del texto, en medio de un servicio cumplido con el pasado y la continuidad del ayer en el hoy, entre escrúpulo funcional y vuelo en reproducir y recrear. Esta tensión recorre la crítica de las artes como la lectura de normas jurídicas, la exégesis bíblica y todas las experiencias humanas del "entender".
Los extremos en la dirección orquestal, Toscanini y Furtwängler; en la doctrina general de la interpretación, según Emilio Betti y George Gadamer no pueden reducirse a la primitiva antítesis de "objetividad" y "subjetividad". El dualismo debe tomarse, más bien en concepción metodológica, y concepción existencial de la interpretación: si se observan cánones y criterios que garanticen el procedimiento y vuelvan controlables los resultados, o si en cambio, se dé lugar a una "fusión de horizontes" o a un eterno camino inconcluso jamás definido, o bien a una historia abierta en la que cada uno vuelca su propia contribución. Antítesis intuida por Adorno cuando reprocha a Toscanini su no advertir el sufrimiento de la generación, o cuando Ernest Ansermet el agudo y estimadísimo teórico de la música, marca en el maestro "parmense" volcarse a la expresión, mientras Furtwängler lo hace hacia la expresividad.
Aclaremos: expresión es el resultado ya alcanzado, se trata de adquirir y reproducir, de entregar al oyente con probidad filológica y obediencia ejecutiva (el intérprete es el intermediario, el que se ubica entre el texto y el público). Expresividad es un proceso, un renovarse de la génesis, un redescubrir en la forma el caos originario y desde éste remontar a la forma. Si una es definida y neta, la otra es siempre in-decisa e in-completa; si una exige la autoridad de un poder penetrante, la otra invoca una suerte de creativo abandono.
En este aniversario toscaniniano es esperable que se despierte el diálogo en torno a la interpretación y que, junto a los críticos musicales se recojan las voces que plantean los problemas que se presentan en las distintas ramas del "entender". Idéntica es la suprema antinomia entre pregunta del texto ("entiéndeme") y la del lector ("háblame"). Un augurio que el jurista, auditor
tantum simple y humilde oyente, formula en su propio interés, puesto que las exigencias del entender no toleran límites de disciplina, y siempre nos ligan a los signos, gráficos o fónicos, con los que otro sujeto se expresa.
No existe claridad de acierto con pasiva y dócil adhesión, sino un cuestionamiento en uno u otro modo dentro de nuestra interioridad.

Natalino Irti

- Académico dei Lincei
- Profesor de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad La Sapienza de Roma.
- Presidente del Instituto Italiano de Estudios Históricos.

Traducción Susana Anfossi
Del Corrière della Sera
5-02-2007
LA INTERNACIONAL por Arturo Toscanini

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