domingo, 4 de febrero de 2007

Análisis de un poema de Paul Celan por Selva Dipasquale




LOS PIMPOLLOS VACUNADOS CONTRA LA OSCURIDAD
en su imperturbable circuito
en torno de la herida,
aciculares,
más allá del número y del sinnúmero
con su mensaje, infatigables,
los afilados ruidos de la escritura
duros como el cristal,
en ambos bordes
la repoblada
zona de las manos (tu, semi-
imagen, alabastro)
en el vedado del invierno
un abeto se absuelve de hablar.




Paul Celan
Hebras de Sol, 1968


*traducción de Ela María Fernandez-Palacios y Jaime Siles, Colección Visor de Poesía, pág. 79, 1990

Hace más de 10 años que conozco este poema, siempre me gustó, y nunca me pregunté por qué.
Pienso ahora en ese contacto "en bruto" con el texto y el principal fundamento de mi atracción es, creo, ese primer verso imposible y bello: "Los pimpollos vacunados contra la oscuridad". El resto del poema lo sentí como una música que en su devenir desarrolla la primera proposición. Pura música. El poema me conmovió en su conjunto y como una totalidad que se expresa musicalmente.
Pero ahora me siento a analizarlo. Pienso algunas cosas, escribo ideas sueltas, marco palabras y me parece una tarea físicamente agotadora. Empiezo a sentir que el poema encierra un misterio, un secreto ("un mensaje-herida") y que detrás de las palabras, late la experiencia sumamente dolorosa de un hombre.
Es un hombre al que yo quisiera abrazar.
Y antes de entrar, realmente, en el análisis del poema, intento imaginar cuáles son los elementos del texto que a mí me atraen, cuáles recuerdos personales me trae. Cada vez que leí la palabra "pimpollos" imaginé rosas. Además, recordé unos folletos de unas rosas de Río Negro que, cuando yo era chica, mandó a pedir mi papá por correo y que después compró. Le enviaron, también por correo, gajos de distintas variedades. Me acuerdo muy claramente, del colorido y del brillo de esos folletos, los miré muchas veces en esa época. Me encantaban. Creo que soñaba con ver crecer esas rosas igual que en los folletos.
Otra cosa que ronda el poema es que está fechado en el año de mi nacimiento: 1968.
También pienso en mi miedo a la oscuridad...
Entonces, entrando ya en el análisis del poema: hay palabras que se relacionan y que comunican distintos "espacios" que el texto parece delimitar y que para diferenciarlos, ubico en dos sentidos diferentes: vertical y horizontal.
En sentido vertical, encuentro tres lugares:
LOS PIMPOLLOS, que guardan un secreto: el "mensaje-herida".
UN HOMBRE, en la penumbra de su escritorio, escuchando los "ruidos
de la escritura".
EL ABETO, el exterior.
Y en sentido horizontal:
1-PIMPOLLOS-ACICULARES-MÁS ALLÁ DEL NÚMERO Y DEL SINNÚMERO-DURO-ALABASTRO-ABETO, estas palabras unen el mundo vegetal con el mineral.
2-CIRCUITO-BORDES-ZONA-VEDADO, palabras que enfatizan la idea de un lugar estrictamente delimitado y que señalan un objeto que se está viendo en la penumbra o en la "oscuridad".
Dentro del poema hay dos "sistemas de iluminación", el de las palabras que a medida que se van leyendo, a conciencia, iluminan al objeto que está por debajo en la penumbra, en la que seguramente se encontraba un hombre escribiendo, si es que no escribía casi a oscuras, una escultura de alabastro. Y la otra fuente de iluminación es la poca luz exterior. Concretamente, imagino un hombre escribiendo en una habitación, una ventana a través de la que se divisa un abeto y por la que entra poca luz. Seguramente era de noche o una tarde oscura de invierno.
Está sentado en su escritorio a oscuras, contemplando una escultura de alabastro. El alabastro es una "variedad de piedra blanca, no muy dura, compacta, a veces translúcida, de apariencia marmórea, que se usa para hacer esculturas o elementos de decoración arquitectónica". Se trata de una imagen que el poema no llega a definir, justamente se la llama "semi-imagen" y en ese sentido, el poema muestra un objeto incompleto que es visto casi a oscuras. Seguramente se trata de la escultura de un personaje que tiene en sus manos flores que parecen pimpollos. Y probablemente, por las características del alabastro y de la luz que viene de afuera, los pimpollos se pueden ver a pesar de la oscuridad.
Además, las vacunas "se inoculan a las personas o a los animales para preservarlos de una enfermedad". En el poema las flores están vacunadas contra "la enfermedad de la oscuridad". Entre sus varias acepciones, la oscuridad puede representar "un lugar sin luz o con luz muy escasa" o "la falta de claridad en lo escrito o hablado". Pimpollo significa "pino nuevo", "vástago o tallo nuevo de las plantas", "rosa por abrir". Pero estos pimpollos, que yo creo se refieren a flores, son aciculares (también las hojas del abeto), es decir en forma de aguja. Acicular es además, "la textura de algunos minerales que se presentan en fibras delgadas como agujas". Entonces, ese hombre al que yo quisiera abrazar, recorre con sus manos la escultura y se lastima, siente dolor físico, acompañado seguramente de una tristeza muy grande. Los pimpollos encierran "imperturbables" un mensaje que hiere. Esta idea del mensaje y de la herida, creo que puede entenderse de diferentes maneras: o los pimpollos provocan, recuerdan el dolor, o, en cambio, recubren una herida que a su vez es un mensaje. De cualquiera de las dos formas, la escritura no alcanza a mi querido e imaginado hombre para describir el dolor, por eso sólo escucha "los... ruidos de la escritura". El dolor sólo es un concepto. Mi hombre no puede expresarse libremente sobre ese estado de ánimo, no puede mostrar cómo son los "ruidos de la escritura", sino que la escritura se mimetiza con las cualidades de los objetos nombrados. Mi hombre no puede hablar. Estos desagradables sonidos de la escritura, son además "duros", palabra que se utiliza entre otras cosas, para referirse a la calidad de una escultura "cuyo modelado carece de morbidez y hermosura".
En cuanto al segundo espacio que delimita el poema "circuito-bordes-zona-vedado", el texto enfatiza que cada cosa ocurre en un lugar estrictamente determinado. Los pimpollos recorren un "circuito" y para resaltar, a la vez la escritura o contemplación en la penumbra dice: "en ambos bordes" (¿cuáles?) y "en la zona de las manos". Hay zonas, lugares que el poema nos quiere hacer ver, pero siempre a medias. Realmente, no puedo terminar de imaginar cómo es esa escultura.
Hacia el final, este hombre atormentado al que yo quisiera abrazar, abandona la escultura y mira por la ventana el abeto. Pero el abeto a pesar de que es libre de no hablar, está en un "vedado", que es "un campo o sitio acotado o cerrado por ley u ordenanza". A la vez, el abeto es un árbol que "llega hasta 50 m de altura, con tronco alto y derecho, de corteza blanquecina, copa cónica de ramas horizontales, hojas aciculares y persistentes, flores poco visibles y frutos en piñas cilíndricas. Crece en parajes frescos y elevados.... y su madera no muy resistente, se aprecia por su tamaño y blancura, para determinadas construcciones".
Las hojas del abeto son como los pétalos de los pimpollos de alabastro. El abeto no habla, es un espectador, un testigo del dolor o del horror. Creo que mi hombre desearía ser el abeto para no tener que hablar, aunque, de todos modos, ni adentro ni afuera de la habitación parece haber salida para el dolor, ya que el abeto se encuentra en un vedado.
Por otra parte, la blancura de la madera del abeto se corresponde con la blancura del alabastro. Leo que la palabra alabastro se utiliza, también, para nombrar la blancura que le es propia y "más con referencia a la piel o al cuerpo humano". Esta blancura me sugiere el frío blanco de los muertos.
Recién al llegar a este punto del análisis, se puede comprender, creo, el significado del verso "más allá del número y del sinnúmero", que entiendo se refiere al número contable de pétalos aciculares que tiene la escultura y al incontable de hojas del abeto.
Mi hombre nos dice: "miren, acá los pimpollos de alabastro que me lastiman. Allá afuera el agudo abeto testigo de mi dolor y que tampoco puede hacer nada para salvarme".
Además, encuentro en el poema 2 tensiones:
Los pimpollos avanzan "infatigables" con su mensaje de dolor y el abeto que en contraposición no habla o no puede hablar, aunque también él es vehículo del "mensaje" que cuenta el poema, a través de un sinnúmero de hojas aciculares.
Hay un juego entre los "infatigables pimpollos" y la "repoblada zona de las manos". Es tanto el dolor que la cantidad determinable de pétalos que tiene la escultura parece aumentar cuando mi hombre pone su mirada en el abeto, es decir, el sinnúmero de hojas del abeto intensifica la presencia de los pimpollos de alabastro. Adentro y afuera comunicados, lo mismo acá que allá.
Ahora, que creo haber comprendido algo acerca de este poema de Paul Celan, pienso que me gustaría entrar en la escena, prender la luz o iluminar de algún modo, si es que en ese lugar no había luz, y no sólo abrazar a mi querido e imaginado hombre sino, también, mostrarle los folletos de las rosas que yo miraba cuando era chica. Contarle que de todos esos gajos, sobrevivió solamente un rosal que todavía vive.

Selva Dipasquale


Si Ud. conoce el idioma alemán y quiere enviarnos su traducción, lo puede hacer y será publicada.



*Otra traducción:
LOS INJERTOS DE OSCURIDAD, en
su imperturbable circuito
en torno a la herida,
aciculares,
más allá del número y del sinnúmero,
en su mensajería incansables,
los ruidos rasgueados de la escritura
duros como cristal,
en ambas lindes
el reforestado
distrito-de-las-manos (tú, medio
brillo, alabastrino),
en el vivero invernal
una pincarrasca se pronuncia libre.
Paul Celan,
Soles Filamentos, 1968.

Obras Completas, Editorial Trotta, Traducción de José Luis Reina Palazón, pág. 278, 2000)

Original:

DIE DUNKE-IMPFLINGE, auf
ihrer unbeirrbaren Kreisbahn
rund um die Wunde,
nadelig,
jenseits von Zahl und Unzahl,
auf Botengana, unermüdlich,
die glasharten
Schleifgeräusche der Schrift,
an beiden Säumen
das aufgefostete
Hände-Revier (du halber
Schein, alabastern),
in der wintrigen Schonung
spricht eine Kiefer sich frei.

Paul Celan,
Fadensonnen
1968

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