martes, 27 de febrero de 2007

MALVAS ORQUÍDEAS DEL MAR, de Lila Zemborain: una poética dispuesta como un ramo de células, de orquídeas o gladiolos.

(La edición en papel de "Malvas orquídeas del mar" es de la Editorial Tsé-Tsé - año 2004). La edición en papel se consigue en Belleza y Felicidad. Lo cual es altamente recomendable, tanto por la bella y cuidada edición de la Editorial Tsé-Tsé como por el formato de los poemas que las posibilidades técnicas de un blog no logran reflejar con claridad)

"De noche no se puede evitar el acercamiento de los cuerpos acomodados en la pulsación y el ritmo de las glándulas amorosas…" Así empieza este poemario MALVAS ORQUÍDEAS DEL MAR de Lila Zemborain. Crear esta imagen es encontrar en el saber, una nueva metáfora para celebrar el amor, choque de dos cuerpos, instante en que las células al entrar en función, proliferan en un mar de burbujas oloríferas. Pero "las emanaciones de las glándulas del amor superan el sentido del olfato porque el cuerpo ya no es sólo una masa de órganos" sino un centro emisor de sustancias envolventes.
El texto se divide en tres partes: LA ORQUÍDEA Y EL MOSCARDÓN, LOS PÉTALOS FURIOSOS Y MALVAS ORQUÍDEAS DEL MAR.
Sin preludio, la materia poética se instala
"naturalmente", como si la biología a través de su autorizada explicación, centrara la sensualidad en el tacto y suscitara en los amantes un temblor inédito.
¿Acaso el ser humano se transforma en una medusa cubierta por una sustancia transparente y sólida más importante que su núcleo? De ese modo, las afinidades y rechazos, se establecen en los bordes de las sustancias de los órganos de percepción potenciados por el intelecto. Bordes que al unirse se contraen y dilatan, se funden: la tierra prepara en su matriz un alimento tibio que derrama en las orillas.
Así el acto sexual desencadena un intercambio de fluidos sublimes, turbulencia que determina un estruendo de células, reconocimiento gozoso de la naturaleza. Dice la poeta:
"…el orgasmo es la prueba de que la sustancia etérea nos constituye y nos desborda como la orquídea que espera paciente la llegada del moscardón que habrá de fecundarla…"
"…y la pálida superficie de la luna tenderá en sus pétalos furiosos el encanto vegetal de abrazos y suspiros; no respondas hembra poderosa al poderoso fragor de tu extravío; abre las miradas al ocaso como si todo en la vida fuera ocaso y no registro imperfecto de los días…"
De forma casi imperceptible el texto cambia de tono, anuncia otra fase, el sentido se mueve hacia otros confines, llega, hasta la sensación regida por el olvido involuntario de un amor perdido a causa de la muerte y su "sombra omnívora", mientras las abejas se sacian con sus deshechos. Y sin embargo el ser, al reabsorberse en una nueva sustancia recibe una extraña permanencia.
Se lee en la furia de los pétalos una vida extenuada por la carencia del principio acuoso, por la superficie del cuerpo que se resquebraja como un vidrio de gelatina, pero el tiempo a pesar de su abstracción, todo lo acomoda y decir
"volver" a la fuente de agua tranquiliza, aunque más no sea por un tiempo breve.
El texto avanza como avanza la vida, con su complejidad pasmosa y en ese misterio de las células con su embrollo de genes y sospechas, se desata un miedo repentino.
Y así como un paisaje de mar arrastra sus enigmas con ecos infrahumanos y su fluir no se interrumpe al igual que el texto en su continuo de notas eufónicas, otro instante se revela como única certidumbre: llanto de un niño que nos devuelve a otra realidad.
Los primeros versos del último poema sintetizan un presagio:
"la lagartija apunta sus ojos dorados a las piedras que en unos años serán arena, y pasa el tiempo entre las aguas de la vida…"
La imagen de una víbora que se repliega después de incitar la tentación, despierta un cosquilleo aún a la edad en que los cuerpos se retraen. Resonancia efímera del baile de las células, sí, pero que constata finalmente el asombro de no saber la dirección exacta de las piernas.
Y en su viaje onírico, Lila Zemborain profundiza las aguas y construye las imágenes con los elementos de la naturaleza, de modo que el texto se transforma en una especie de mar sin orillas y quien lee, descubre en el fondo de las aguas, hierbas, peces, flores, grutas.
La división del texto marca claramente tres etapas, tres momentos de la vida que unidos sin ninguna mayúscula, nos transmiten precisamente una continuidad. La melodía se asienta en la secuencia ininterrumpida de la escritura: hábil materia de exquisita altura poética.
Y como por una necesidad de respirar, el ritmo se restablece automáticamente por el mismo sentido. En otras palabras, el texto está en permanente renuevo.
De manera que en la ausencia de puntos seguidos y finales hay un solo propósito, algo que sin embargo no se cierra definitivamente: una forma dispuesta como un ramo de células o como un ramo de orquídeas o gladiolos
"…la inalterable dirección hacia el presente de los sueños y el constante asentamiento de las aguas".

Rita Kratsman
El libro completo "Malvas Orquideas del Mar" de Lila Zemborain se puede leer en

1 comentario:

Esteban dijo...

Increíble poeta argentina, saludos