domingo, 4 de febrero de 2007

ESPACIOS NATURALES, de Paula Jiménez (inédito)


Estábamos hablando del amor. Una hoja, un puñado de simiente…empieza con eso, aprende un poco lo que es el amor. Primero una hoja, la caída de la lluvia, después alguien que pueda recibir lo que la hoja te enseñó, lo que maduró la lluvia. No es un proceso fácil, compréndelo: puede exigir toda una vida, como me ocurrió a mí, y aún no he logrado dominarlo, ni creo que lo haga nunca… Sólo sé esta verdad tan grande: que el amor es una cadena de amor, del mismo modo que la naturaleza es una cadena de vida.
Truman Capote


Así empieza Paula Jiménez su poemario y como una prolongación de las palabras de Truman Capote no puede dejar de transmitirnos una sensación de inmenso, como tampoco puede dejar de transferirla a quienes seguramente está dirigida y la van a escuchar o leer: destinatarios ávidos de sabiduría.
De modo que cuando la mirada se posa en el mundo natural nos borra la soledad en un instante. Y como si la materia del cielo viniese a trabajar la tierra y le dictara, una voz se abre al menor hálito que sobreviene de los planetas, de la lluvia, de los pájaros y lo hace con la lentitud de un ritual de ceremonia que nos llega como una música de esferas:
"yo quiero ir al mar y al espacio sideral/ donde es de noche siempre/ y el traje se infla y se desinfla/ la cabeza escondida en su burbuja/ mientras salto sobre un colchón de aire,/ en plena elevación un astronauta/ le da la mano a otro con blandura,/ sin esta pesadez de unos ladrillos/ tan firmes que podrían derrumbarse."
De manera que las imágenes de la lentitud se enlazan con las imágenes de la gravedad. Y en ese intercambio Paula Jiménez agranda el mundo, construcción dinámica que corresponde a una intuición natural como es natural la forma en que lo expresa: "…toda la tierra es chica a comparar/ con esta noche larga del espacio,/ olas gigantes entran por los ojos/ y el empujón voltea en la parte profunda o en la orilla/ si toco el suelo/ es siempre arena// infinita es la arena, no se gasta/ aunque la usemos para hacer castillos/ o el tiempo la convierta en piedra,/ pedacito de estrella que se apaga/ y mil años después cae a la tierra ". Como si la visión fuera posible sólo desde un punto remoto.
Entonces el silencio de la noche aumenta la profundidad del cielo, fervor de una atmósfera de luz y en esa astronomía ningún movimiento es aventurado, gran lección de vuelo aunque tengamos que acallar los demás ruidos de la tierra.
Pero la tierra y sus jardines y todos los árboles superan nuestra vida, es decir la naturaleza como una gran cadena de amor
" …el trazado de un círculo atraviesa/ el gomero, el tilo, los ciruelos./ Todos los árboles superan nuestra vida". Gesto de la naturaleza en su abrazo vegetal y como si su vibración hubiera pasado a la poeta, ella nos nutre a la vez con su savia.
La detención del tiempo está marcada esencialmente por la imágenes de un aljibe seco, de un cementerio donde aparecen fechas casi antiguas, de un pueblo desaparecido y todas ellas en contraposición con la longevidad del árbol.
¿Pero no añaden acaso los rayos de una bicicleta, el viento y los pájaros un movimiento alado a esa parte estática del mundo?
Y en este recorrido Paula Jiménez dialoga con un mundo infantil al que trata de alertar contra el peligro de desaparición de un planeta si el calor de su centro lo incendiara o lo anegaran las aguas. Pero después, casi como otra lección nos dice con alivio:
"Algunas veces, pensar en el final/ no nos condujo a nada/ pero otras/ fue bueno vislumbrar las consecuencias…"
La palabra coda usada en algunas partes del texto, oficia como fragmento musical que se añade a un tema, o como un contratema para enfatizar algo que anteriormente no estaba del todo expresado o bien como ese gesto que tenemos las madres de repetir las cosas.
Y volviendo al mundo natural, esa parte del texto dedicada a Serena, nos sumerge en una poética del aire cuando las nubes con su carga de agua amenazan con borrar un recuerdo:
"Aire irrepetible que llama al movimiento, /como pisar dos veces las arenas de un río./
"Algo pende de la rama aquella, algo/ idéntico al recuerdo/ que barre la lluvia nuevamente."
O su detenimiento en el enigma del bajo continuo marino "el mar suena en la gente/ como un clamor constante, en cambio/ en esta voz que te pregunta/ se escucha intermitencia, altisonancia/ la variación más débil…"
O el viento, que también amenaza y ulula y sólo toma forma cuando se encuentra con el polvo, pero ahí no es el ojo de la poeta el que nos transmite la imagen sino su oído asombrado, un oído sabio, dispuesto a traducir en palabras una música inquietante:
"Viene el viento,/ pura fuerza que empieza/ por sí misma y luego arrasa/ las cosas que están cerca."
Los pájaros, es otro fragmento del libro donde la mirada poética se detiene paradójicamente en la dinámica del tiempo, en el fluir de las estaciones: "…cuando viene el otoño,/ crespones de yuyos y pájaros/ detrás de mi ventana./ Ellos siempre de paso/ mueven la cola inquietos por la brisa."
Y en la revelación de un procedimiento alado, es sin duda una cría entre las manos, la imagen perfecta de la levedad, instante retenido por el ensueño poético de la autora y protegido tal vez por alguna ley antigravitacional invisible.
De manera que no es nada azaroso que esta parte del libro aparezca casi antes del final, ya que el vuelo de los pájaros despierta a toda la naturaleza. Por lo tanto los Espacios Naturales son algo que el ojo no puede soslayar; así como el olor de la tierra mojada por la lluvia que no se puede dejar de oler; o como el viento y sus jaurías que aullando antes que los perros no podemos dejar de oír. Vértigo de los sentidos en sus innumerables experiencias, de las cuales no podemos dejar de participar aunque todo decline por un sabio comportamiento.
Y como en una síntesis magistralmente resuelta la poeta finaliza:
"No hay historia ni hay hechos,/ oxígeno convertido en fuego/ materia en aire puro/ permanente desenlace y salvo/ los sauces inclinados sobre el río,/ nada llora".

Rita Kratsman

Paula Jiménez en la infancia del procedimiento

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