martes, 27 de febrero de 2007

El diáfano, un poema de Beatriz Vallejos, por Lidia Rocha


Hay un sitio en la Tierra
Hay un sitio en la Tierra, sí.
Digo que hay un sitio en la Tierra;
no, el dolor lo retrae, lo lleva
más allá de nosotros,
más allá de nuestra pobre
posibilidad de expiación. No
hay un sitio en la Tierra,
pero entonces el diáfano canta
para nuestro oído perceptible
de toda transfiguración de la memoria también.

¿Has oído cantar el diáfano
que absorta niñez
lo bebía del cielo?
¿De dónde regresaba?
¿En qué lugar de la Tierra, entonces?



Código: EF: estrato fónico, EMS: morfológico sintáctica, ELS: léxico, semántico y retórico, EG: sentido global
En una primera aproximación puede verse una forma circular: el poema comienza y termina hablan de un lugar (o sitio) en la Tierra.
Es un poema muy estructurado.
Tiene dos estrofas (EF)
En la primera tras varias oraciones afirmativas y negativas se provoca una fuerte contraposición con el adversativo “pero”: “todo esto” PERO “esto otro” (EMS)
Esta estructura provoca un pasaje por el cual la aparición de “el diáfano” se contrapone a “no hay un sitio en la Tierra”
La posición central de “El diáfano” en el poema (sumada a su referencia en el título) hacen de este verso “pero entonces el diáfano canta” el corazón del poema.
La segunda estrofa interroga (probablemente al lector) acerca de lo dicho después del pero: la presencia.

Es un poema sin rimas, por lo que los ritmos descansan en otros elementos como:
repeticiones: “hay un sitio en la Tierra” “lugar de la tierra” “más allá de”
paralelismos: hay un sitio en la tierra (1 y 2), paralelismo de sentido: retraer (4), llevar (5) / regresar (anteúltimo)
encabalgamientos: el 7 se continúa en el 8vo (y los siguientes se encabalgan unos en otro)
¿Qué efectos de sentido provocan tales paralelismos?
De contraposición:
Hay un sitio en la tierra / no hay un sitio en la tierra
No hay un sitio en la tierra / pero el diáfano canta
No hay un sitio en la tierra / ¿en qué lugar de la tierra?
Los encabalgamientos parecen tener la función (al introducir una pausa versal) de atenuar el sentido
El juego de los sentidos se balancea en estos paralelismos: del sí, al no, del no al pero (que vuelve al sí) pero un sí diferente porque no proviene de la primera afirmación “hay un sitio en la tierra” sino del juego entre lo que se retrajo y se fue y el canto que lo trae de regreso. Pero no lo trae resuelto y explicado, por eso pregunta ¿en qué lugar de la tierra? El poeta no lo sabe.
Hilando más fino en los paralelismos se puede observar que en el tercer verso la frase está atenuada con un “digo” con lo cual se modaliza: lo que el poeta está diciendo es una opinión, no una certeza.
Quizás por eso se desdice en el verso 4.
El siguiente paralelismo (5/6)
Más allá de…
Más allá de
Refuerzan el sentido del no: no hay un sitio en la Tierra (“porque” implícito) el dolor lo retrae, lo lleva (si lo lleva implica que estuvo alguna vez).
El paralelismo semántico: retraer (4), llevar (5) / regresar (anteúltimo)
El lugar es llevado por el dolor pero regresa
Regresa cuando el diáfano canta
Cuando por medio de interrogaciones retóricas el poeta pide ayuda al lector, lo guía en el recuerdo: es en la niñez cuando el diáfano se bebe del cielo.
Entonces:
Hay un sitio en la tierra y un diáfano (en la infancia) – el dolor lo lleva: no hay un sitio en la tierra – el canto del diáfano trae el recuerdo del sitio en la tierra – el poeta ignora donde está ese sitio

El núcleo del poema es una metáfora y una personificación. También una sinestesia que reúne lo visual (diáfano) con lo auditivo (canta)
“El diáfano canta”
¿Qué es el diáfano?
El artículo lo convierte en un ser concreto (no dice “lo diáfano”)
Es un ser animado, ya que “canta”
Es poderoso: canta para el oído (hoy) pero también para la memoria.
El diáfano tiene el poder de hacernos recordar.
La diafanidad está cargada de sentidos: que deja asar la luz, claro, limpio. La luz se vincula al saber, a la divinidad
El diáfano al estar personalizado podría ser Dios, un dios, una fuerza poderosa residente en el cielo: la niñez “lo bebe” del cielo
“Lo” en “que absorta niñez lo bebía del cielo” es gramaticalmente in necesario, pone énfasis en esa transformación del “el diáfano” en un objeto, algo que se entrega y puede ser bebido por “niños absortos”.
El canto del diáfano trae ese recuerdo pero no nos dice dónde esta “el sitio en la tierra” que fue llevado por el dolor “más allá de nuestra posibilidad de expiación”. Expiar significa purificar, lavar las culpas.

*** Recordé un tema de Keane Somewere only we know que se refiere a un lugar donde nos sentimos bien, en paz con nosotros mismos. Vallejos conecta ese lugar con la pureza y la capacidad de contemplación y la atribuye a la infancia. Por más que recuerdo mi infancia, no me viene ningún recuerdo en que fuese capaz de beber al diáfano. La infancia es un territorio de dolor, quizás más que otras edades (al menos para mí). Sin embargo, es difícil sustraerse al poder de la imagen “El diáfano canta”, porque muchas veces algo como el diáfano canta cuando estamos en la mayor oscuridad y el mayor dolor. Quizás sea la belleza, la pulsión de vida, la poesía. También es difícil no sentir la nostalgia por “el sitio en la tierra”. Quizás sea un lugar sólo en la mente o en la vida intrauterina, quizás sea nostalgia de una vida anterior a la terrenal, cuando todos estábamos unidos en Dios y éramos parte de la Unidad. Así lo dicen los gnósticos. Como sea: hay esa nostalgia, por eso el canto del diáfano nos transporta pero, como muestra Beatriz, no nos responde.

Lidia Rocha

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