miércoles, 14 de febrero de 2007

ARIA DA CAPO, una poética de lo redondo (reseña del libro de Concepción Bertone)

"En los comienzos de la ópera, al terminar el siglo XVI, los compositores ponían en práctica una técnica vocal que a veces estaba a mitad de camino entre el habla y el canto. Era el recitativo. De vez en cuando intercalaban melodías que se fueron haciendo más y más importantes y en las cuales los intérpretes con bella voz y habilidad técnica encontraban muchos momentos para desplegar estas posibilidades. Las melodías ganaron en extensión y complejidad adquiriendo el aspecto de unidades independientes y el aria da capo nació como forma musical Durante el siglo XVII los maestros de la ópera y la cantata organizaron el aria, dándole una forma, que esquemáticamente hablando, consistía en tres partes, siendo la tercera una repetición de la primera, un retorno por decir así. En italiano se la conoce como aria da capo: volver al principio."


Jorge D’Urbano
Diccionario de la Música, Ed. CREA, Bs.As.

De este modo asistimos a un poemario que la poeta no divide exactamente en cuatro partes, sino que señaliza como temas: LOS PADRES, LOS SIGNOS, LOS HUMOS Y LAS MADRES. Se trata de una selección realizada por la autora de poemas que van desde 1983 hasta el 2003.
Toda una vida regocijándose como una hierba en una grieta dice Bertone, para que ahí nomás imaginemos el alborozo de un herbaje que mitad sepultado y mitad aflorando a la superficie, celebra todavía su existencia.
Y como en una galería de cuadros aparece en la primera parte su padre ( Francisco Antonio Aversa) entre los padres, para ella de la literatura: Kafka, Trakl, Pessoa, Campana como también aquellos otros a quienes cita a lo largo del texto: Madariaga, Pasolini, Nietzche, Michaux, Rilke.
Pero volviendo a la materia del texto la idea de lo circular aflora del mismo modo que la hierba pero no como una necesidad nostálgica sino como una forma inevitable:
"esa zona profunda, esa punta, / ese centro luminoso en mi adentro vacío, y dicho /así de paso, por encima, apenas / sacudiendo la maleza de mi cráneo: me llena / nuevamente de esperanzas…" Como si una fuerza imperiosa la hiciera volver al principio para recobrar una calma perdida tal vez en el segmento de algún itinerario.
En su contemplación poética, Bertone nos sumerge en un mundo de imágenes que por una ley de correspondencias transforma intensamente nuestro ser.
El espacio íntimo trabajado por la poeta adquiere por momentos una expansión, diría, casi imposible de visualizar, pero despierta al mismo tiempo una curiosidad por conocer el límite.
Y tanto en un hospital junto a la cama de su madre como en "Guardería de viejas" es la poeta la que visualiza esa otra intimidad, es decir se sale de sí para observar en un instante, a su madre en el pathos de la luz y de la sombra. Y enseguida, de nuevo ese deseo de volver al inicio para encontrarla entre dos o tres sílabas de ternura
. Dice Bertone: "Yo volvería…" "…Al comienzo/ del viaje de la carne/ para albergarme entre sus vísceras".
Por lo tanto, siempre hay una mirada hacia atrás, aunque esta vez esté puesta en el infierno donde se pierden los ojos en el rostro de lo amado: "… Y nunca más/ poder verte sólo/ por mirar hacia atrás/ para mirarme/ en tu faz"
La escritura pareciera formar su entramado poético con el humo del cigarrillo: "…Aguzo/ el delicado filo, la hoja/ de tabaco molido, blanca arma letal/ envainada en el humo."
Y de esa adhesión a la niebla del humo se pasa al vapor de las aguas a través de un baño casi purificador como si el agua en su limpidez fuera un cielo invertido en el que se reflejan los astros. El agua, como una beatitud recibida de manos amorosas para entrar en el descanso: "…Después, acostado/ en el cuerpo perfumado/ se ensoñó. Se fue/ durmiendo en el cuerpo/ de un sueño pernoctado/ y limpio de otra noche."
Ya en la última parte del texto Bertone poetiza la figura materna, la esculpe en marfil de mamut, la talla ni bella ni sublime. Pasa por todas las madres, y por cada una de las madres de los poetas que evoca: la madre de Gelman, de Borges, de Vallejo, de Paco Urondo, de Celan, de Cernuda. Todas las madres diferentes en una. Y de nuevo esa imagen de la redondez en la figura de la madre-vientre: "… esa vieja/ que deja de envejecer/ cuando muere."
Y dentro de ese mapa la poeta se mimetiza con todas pero también habla de sí, de lo que lega a sus hijos en "un impromptu de deber debido y pagado" y no para hacerse libre, sino para liberarlos de ella aún con el costo de la soledad, otra gran madre que rodea y envuelve.
El último poema ARIA DA CAPO ( del aria de Delmor Schwartz, del carnaval del Kilroy) resuena no como un canto sino como el recitativo de una voz conmovedora casi patética que redobla por alguien:
"…yo doblaré por ti donde maduras fruto/ donde rama quebrada pero verde/ sostienes tu sazón/ aún doblegado…"
El texto se establece y se desarrolla en la redondez a pesar de los acontecimientos caprichosos que cada tanto interrumpen su forma.
De manera que la música está presente resolviendo un fraseo dramático, que una vez en el final, nos devuelve al principio.

Rita Kratsman
Concepcion Bertone en La Infancia del Procedimiento

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