martes, 23 de enero de 2007

SOBRE "POEMAS SENTIMENTALES" DE SILVIO MATTONI


La infancia se adormece en los brazos de la casa y Silvio Mattoni la despierta

Y gracias a la casa, más de una vez nuestros recuerdos cobran animación como en un teatrillo improvisado en algún patio de mosaicos y canteros.
La infancia cubre el mundo con su cálida manta, de modo que a través de los objetos Mattoni desentraña el suyo, a partir de una breve biografía como inicio de un poemario intenso, tratado con la sutileza del ramio oriental de donde proviene la seda.
No hacen falta palabras rimbombantes para contar una historia, para que un abuelo lamente el futuro del cual no pudo participar debido al exilio de sus descendientes.
Distancia generacional, voz expresada con la sonoridad de una lengua de familia "Ti auguro" "tante belle cose…il tuo papà Milo baci" en unas cartas descifradas por el bisnieto poeta " eccomi qua" y que forman parte de un arcón que se supo guardar en algún lugar seguro. Cartas escritas en una lengua con letras dobles. "Los palitos que atraviesan las "t" y las doble "tt" parecen escaparse de las lágrimas negras que inician las palabras".
Pero la dicha y la desdicha, también forman parte de esa topografía "Nada es eterno" dice el poeta " "aunque ningún amor se va del mundo sin dejar su huella".
Y así avanzan los momentos vividos en un tiempo donde el sepia se restituye a partir de los juegos, de las horas de colegio, de mudanzas, pesadillas, tos convulsa y mascotas perdidas. Más adelante, casi obligadamente, el sepia toma color, como fondo de acontecimientos que se van haciendo actuales.
No se puede soslayar la aparición de la escritura en sus primeros escarceos, como un amor, mientras se trenza una tarea con hilo sisal durante una clase de manualidades y su reaparición más tarde ante el nacimiento de una hija, palabras que se inscribirán seguramente en ese cuaderno de familia. "Faltan cinco días para que vengas./ ¿Qué serás?¿Leerás sonriendo este verso/ que no termina?/ Tus hermanas sostienen/ las libretas donde una vida entera/ ya se empezó a escribir. Y cambiarás/ letra por letra hasta tu nombre nuevo/ para vos".
Pero evocar no es representar en forma objetiva, evocar es restaurar los sentidos a partir de un lenguaje propio, un lenguaje fundado expresamente para descubrir un mundo onírico, de manera que el momento culmina cuando el lector interrumpe su lectura para sumergirse en el propio. Esto es lo que nos transmite sin lugar a dudas Silvio Mattoni.
Si tuviéramos que utilizar una expresión para definir esta poética usaría la palabra "resonancia", aquello que le devuelve al ser su origen aún con aquellos momentos de tedio y soledad.
"La gran poesía" dice Bachelard " "en su gran función, vuelve a darnos las situaciones del sueño".
Por consiguiente la mirada del detalle se transforma en miniatura del mundo y así macrocosmo y microcosmo participan de una dialéctica luminosa que Mattoni trabaja con destreza de malabarista, impidiendo que ninguna imagen permanezca en la inmovilidad. En otras palabras, se hunde en las dimensiones que le ofrece la distancia, para descubrir lo grande en lo pequeño con el cuidado de un orfebre y allí, como bisagra entre dos generaciones se refiere a una hija: ¿Será un reflejo automático su risa/ que espera un gesto en mi cara, un movimiento/ para fingir la oscilación? Y más adelante a su madre: ¿Qué le pasará/ a mi mamá, tu abuela, que se quedó/ mirando las lagunas diminutas/ del agua en las baldosas?

Los POEMAS SENTIMENTALES hilan fino y en esa urdimbre la respiración se hace presente mediante un fraseo basado en la clara articulación de sílabas, palabras y silencios, ritmo que se relaciona directamente con una danza mimética.
Polifonía donde las voces van y vienen con la independencia que les confiere un tiempo ad libitum y de ese modo la cadencia, como puro acto de creación, se la encuentra a lo largo del texto, ahí donde cada uno la quiere encontrar.


Rita Kratsman


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