lunes, 29 de enero de 2007

CUANDO TRADUCIR SE CONVIERTE EN POESÍA- GIOVANNI RABONI



Del Corriere della Sera, 27/06/03

Pocos filones, en la poesía italiana contemporánea, han tenido tanta fortuna como la del "Cuaderno de Traducciones", inaugurado en 1948 por Eugenio Montale, retomado bajo el mismo título por Sergio Solmi y cultivado luego por casi todos los protagonistas de la tercera y cuarta generación del "Novecento". Frecuentemente, se trata de obras de tal consistencia y calidad que permiten entrar en la historia expresiva de sus autores. Baste pensar en libros como Il musicante di Saint-Marry de Vittorio Sereni; La Cordigliera delle Ande de Mario Luzi; Il ladro di ciliege de Franco Fortini y para continuar con el argumento de esta nota, Addio, proibito piangere,1982, de Giovanni Giudici. El mismo Giudici, quince años después, duplicó una segunda y conspicua colección de análoga naturaleza, A una casa non sua, ocupándose además, de llevar a término el extraordinario exploit de la versión métrica del Onegin de Pushkin.
Sería poco decir, que el de Giudici es un corpus traductorio imponente, autor de la Vita in Versi, completa la vasta selección de las dos colecciones citadas anteriormente con una bellísima versión de los Sonetos de Shakespeare.
Abre el libro Vaga lingua strana, la versión del "Pange lingua" de San Tomás, por razones cronológicas y por ser este himno el más antiguo de las traducciones de Giuduci.
Svela. o Lingua, del glorioso/ Corpo del mistero -
( Descubre, oh Lengua, del glorioso/ Cuerpo del misterio).
Este incipit no solo adquiere valor de epígrafe sino que apela a la exhortación que todo traductor debería hacerse al enfrentar la propia lengua a la traducción.
Más aún ¿a qué tipo, o mejor dicho, a qué raza de traductor de poesía pertenece este poeta? Sintetizaría así: un traductor fiel. Pero qué significa y sobre todo ¿cómo es posible ser fiel a una acción de necesaria traición, de traición "institucional" como lo es ese transitar por el sentido y la fascinación de un texto poético, de una lengua a otra, de un sistema fonosimbólico a otro?.
Solo Dios sabe, puede que aquí nombrar a Dios sea menos en vano que de costumbre, cuánta cautela, cuántos trucos, cuántas infracciones calculadas debe el artífice-trasladador inventar y perpetrar para llegar a buen fin, para obtener, ya no la fidelidad, pero sí el máximo de una fidelidad compatible con una condición aún más primaria, aún menos eludible: que el texto de llegada sea a su vez reconocible y tangiblemente una poesía…
Es una suerte y milagro que este trabajo imposible sea cumplido por algunos poetas que saben y quieren hacerlo,
Giudici ha sido uno de ellos, al mismo tiempo que perfeccionaba infatigablemente su propio magisterio poético: un maestro. Detenerse en miles de detalles , reemplazar figuras métricas, sonido y sentido, forma y sustancia de los textos originales prueba que, una vez más, nos llena de reconocimiento y admiración.


Traducción de Susana Anfossi
sgasquet@fibertel.com.ar

Eugenio Montale (1896 – 1981)
Sergio Solmi (1899 – 1981)
Vittorio Sereni (1913 – 1983)
Franco Fortini ( 1917 – 1994)
Giovanni Giudici ( 1924 )
Giovanni Raboni ( 1932 – 2004)

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